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Baraguá
Paco Azanza Telletxiki

11/05/2008 GMT 1

CUANDO DESPIERTO

baragua @ 17:12

despierto.jpgPrólogo: EL AMOR EN UNA DE MIS VERSIONES

¡Ay, el amor... !
El amor es una locura sana
repleta de enfermedades...

y de mentiras,
y de verdades.


CRUCE DE MIRADAS

Oye, niña,
el otro día cuando te miré,
pensando vete a saber en qué
tú me mirabas.
Y vi salir petreles de tus ojos
que volaron rumbo a mis pupilas.

Por la puerta
de los míos se colaron
al cielo sin nubes de mi vida.
Desde entonces en él vuelan
y en las ramas de mi alma
siempre, siempre anidan.

LOS LATIDOS DE TU ALMA

Cual vela de cumpleaños,
apago el sol
de un solo soplo
para guiarte con las luces
de mi faro
-navegas en mis costas
y el mar perdió su calma.

Esta noche aún estás
muy lejos de mi puerto,
pero siento vivamente
los latidos de tu alma.

TUS PIERNAS

De piel suave,
de curvas sugerentes,
revuelven mis latidos
y agitan a mi mente.

A ti te transportan,
a mi me conmueven,
cuando andas o caminas
y con gracia tú te mueves.

Con saya o con pitusa
¡siempre están tan elegantes!
Nunca dejo de (ad)mirarlas
por detrás o por delante.

Y cuando te sientas
¡qué imágenes tan tiernas!
Si hábilmente te las cruzas...
yo sucumbo ante tus piernas.


TRIGUEÑA Y JOVEN

Trigueña y joven,
cuando sales a la calle
se te tira encima el viento,
ondean tus cabellos,
son la bandera de tu cuerpo.
Te abraza con su hoguera el sol,
y la tarde, silenciosa,
te salpica toda entera
con la espuma de sus besos.

Trigueña y joven,
ya quisiera ser yo viento,
y sol,
y esa tarde silenciosa
para escribir algunos versos,
con la tinta de mi pluma

en lo más profundo de tu sexo.

BAJO LAS HORAS MÁS OSCURAS

Bajo las horas más oscuras
de un claro día,
yo sólo pretendía
hablarte con la voz más tierna
de mis manos,
con el río caudaloso de mi lengua
y el susurro eterno de mis labios.

Tan decidida me ofreciste
tu cuaderno que empecé
a escribir, también,
sobre el vacío de sus hojas.

Llegando por fin a la del centro,
puse la firma

y te pusiste como loca.

TU BESO MÁS PROFUNDO

En el río
de aguas negras
que cae sobre tu espalda,
se recrean mis ojos,
se zambullen mis manos.

Y, arrastrado
por la inmensa corriente
de tus besos,
llego a la desembocadura, locura.

Y entro en tu mar,
donde soy delfín,
donde soy tiburón,
donde como buen filibustero
yo te robo el corazón.

Zarandeado
por la fuerte marejada
zozobra mi barco.
Y, entregado al naufragio,
ya no nado.
Me hundo.
Me inundo.
Felizmente me ahogo, como siempre,
disfrutando de tu beso más profundo.


CUANDO DESPIERTO

Cuando despierto,
estufa mía durante la pasada noche,
tú todavía duermes
con los cabellos alborotados
sobre la almohada,
el aire que llena y vacía tus pulmones
mueve ligeramente el edredón
y fuera, en la calle,
el frío pasea sin prisas
con las manos en los bolsillos
mirando escaparates.

Yo tampoco tengo prisa
-enero golpea con fuerza la ventana-
y me entretengo
observando en silencio tu rico paisaje.

Bostezos después
atardecen de nuevo mis ojos
-viajo a lomos del sueño-
y te encuentro amanecida esta vez
cuando definitivamente estoy de regreso;

tu voz entonces me sonríe
y la mía trata de darte un beso.


TU SONRISA

Tu sonrisa
es la ventana
por la que yo
cada día miro.

Nunca la cierres,
compañera.
A través de ella
entra el aire que respiro,
y se ausentan
mis más tristes suspiros.

LATIDOS

Cada paso que das
es un latido
en mi corazón.

No corras mucho,
que me asfixio.
No te detengas,
porque me muero.

Camina siempre a mi lado,
vivir solo no puedo.

LA DESPEDIDA

Tenemos que separarnos.
Nos decimos adiós,
nos regalamos un beso
y, espalda contra espalda,
en direcciones completamente opuestas
nos alejamos.

Pero no debemos
estar tristes.
Si la tierra es redonda, como dicen,
a medida que nos alejamos
nos vamos acercando.
Y ya sólo cabe esperar
que el paso del tiempo no altere
en exceso nuestra fisonomía,
para cuando de nuevo
nos reencontremos
nos reconozcamos, hembra mía.

VUELVE

Vuelve,
vuelve pronto pequeña,
el paisaje sin ti no vale nada,
las aguas del río no mojan,
y qué melancolía tan grande:
en primavera y sin hojas.

Vuelve,
vuelve pronto pequeña,
o mejor, nunca te vayas.
Cada vez que te ausentas
la tristeza me roza...
y luego se explaya.

Epílogo: EL AMOR EN UNA DE MIS VERSIONES

¿Por qué me apuntas y disparas
con tu belleza?

El amor asesina
y deja al cadáver
con una sonrisa en los labios.

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